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Confesiones absurdas de un completo desconocido.

29.5.07

yo también, weón, yo también.
recuerdo cuando era chico, weón, y no tenía que weá comer.
pero sabí, weón? yo igual era feliz.
caga'o de hambre, pero feliz poh, weón.

Bueno, yo nunca tuve hambre...

pero no creo que hayai sido feliz poh, weón.
porque cuando pasai hambre, y soi feliz igual
es otra weá, weón, otra weá.

Si, quizás tienes razón. Pero no la pasé mal cuando chico, igual nunca me faltó nada. No te digo que eramos ricos, pero no me puedo quejar.

ya, pero tu cachai que yo a los 12 años ya trabajaba?

Puta, si... una lata.

espera, voy a mear.

(...)

oye, estaba pensando, qué habrá sido de esas weás como espirales de metal que estuvieron de moda hace como 10 años... esas que las poníai arribita y bajaban solas, las cachai?

No cacho, compadre... parece que nunca tuve de esas.

yo me compré una cuando me pagaron por ayudar en la feria.

Ahh, que buena. Sabes, quiero ir al grano de inmediato. Ya me tengo que ir y aún no hablamos del asunto.

yapo, weón, habla nomás. soy todo oídos.

Hay un tipo...

siempre es un weón... querí que me lo pitee, o lo querí asustar nomás?

No sé, igual la idea es que es deje de molestar...

cachai que a veces vienen weones que me piden weás muy locas. el otro día nomás vino una vieja culiá que quería que al marido, un viejo weón re tierno, lo tirara a la piscina, pa' que se ahogara poh weón... y no quería hacerlo ella porque le daba pena. cuando lo tiré al viejito, se puso a llorar. después me contó que ese viejo weón, que parecía tan tierno, le sacó la chucha durante 35 años. 35 años poh weón!!

Qué mal... pero mira, este tipo se pasea todos los días a eso de la 1 de la mañana por el parque Errázuriz...

jajajaja, qué casualidad. cachai que ahí le pegué una puñalada al primer trabajito. no fue la primera vez que lo hacía, pero era la primera vez que me daban plata por pitearme a un weón. no creai que a mi no me da cosa la weá, si no es tán fácil... o sino voh no estaríai aquí poh, jajaja...

No... no creo. Bueno, ahí hay dos fotos. Este tipo me tiene amenazado... fui a denunciarlo a Carabineros, pero no sirvió de mucho... una advertencia y lo dejaron suelto de nuevo...

si así son las weás, mijito... aquí las weás funcionan con plata. ya. supongo que te dijeron lo de la plata.

Si, lo tengo claro. Aquí está la primera parte. Lo otro es cuando esté listo el trabajo, no?

si. bueno ahora que tenemos todo claro, tomémonos otra chelita. tu invitai.

Será...





Don Choco

2.10.06

Alfredo nació con ese problema. Su sistema era incapaz de asimilar azúcar, y la más mínima cantidad podía llevarlo a un estado hiperglicémico severo.
Durante toda su niñez tuvo que ver cómo los niños disfrutaban comiendo chocolates y dulces, mientras él tenía que conformarse con los alimentos que le daba su madre, mezclas totalmente insípidas, pero que lo mantenían vivo.
Y creció así, sin conocer las frutas, sin conocer los helados de menta, sin conocer la Coca Cola.
Cuando Alfredo cumplió 23, se dijo a sí mismo que ya era hora de probar algún dulce, que no podía vivir toda su vida sin haber usado la parte delantera de su lengua... Y fue al kiosko de Jorgito, y se compró un chocolate.
Volvió a su casa y se encerró en el cuarto. Recordaba todos los sermones que le dijo alguna vez su madre sobre lo peligroso que era para él consumir azúcar. Pero ya había tomado la decisión.
Nervioso, puso el disco de Pink Floyd que le habían regalado para la navidad pasada, se sentó en el suelo, y sutilmente empezó a abrir el envoltorio del chocolate. Cuando ya no quedaba papel por despegar, Alfredo puso todo sobre unas servilletas, y partió el chocolate en todos los trocitos que pudo. Tomó el más pequeño, y lo acercó a su boca. Sabía que lo que estaba a punto de hacer podía matarlo, pero ya nada lo haría cambiar de parecer.
Cuando se dio cuenta, el chocolate de su mano ya se había derretido, por lo que tomó otro trozo y sin rodeos lo lanzó dentro de su boca. Lentamente empezó a degustarlo, mientras el sudor corría por su cara, hasta que Alfredo decidió mascar el trozo que había engullido.

Sintió como su boca empezaba a aguarse, se sintió tan irresponsable y seguro al mismo tiempo. Luego sintió el sabor... era lo mejor que había probado en toda su vida. Sintió como su corazón se aceleraba, cómo su estómago crecía... se le nublaba la vista, ya no oía Comfortably Numb, ya no oía nada.
Con sus últimas fuerzas, tomó el último trozo de chocolate que quedaba, y lentamente lo puso en su boca. Dió el último mordisco, hasta que una fuerte contracción lo hizo detenerse...

-Mierda... me carga el maní.